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Mensaje por Othilia van Lieshout el Miér Dic 26, 2012 4:33 pm

25 de Diciembre
19:00 de la tarde.
Alpes Suizos.


La cena de noche buena no había terminado de salir exactamente a los planes tramados por su mente aunque en algunas cosas la tradición se cumplió pero en muchas otras tantas, las cosas salieron de forma absolutamente imprevistas. Estuvo el clásico ataque de celos por parte de su padre que rotundo como un hipogrifo tozudo, negó su participación en el enlace y como si no tuviera censura en sus labios, Othilia atacó a su padre para defender su enlace con Charles como si fuera la cosa más deseada del mundo y a su vez sorprendiéndose a ella misma de defender con tanto fervor algo que creyó siempre una imposición y no deseo.

Luego vinieron los regalos de los que participó absolutamente en todos excepto en el pequeño obsequio regalado por Charles. Fue una vuelapluma roja igual que ella regaló una plateada a su prometido, cosa o no de casualidad, ambos pensaron lo mismo para el otro y eso fue un nuevo imprevisto que salía por completo de las manos de la holandesa. Por último ese ataque de deseo que la embargó en el comedor por besar a Charles a solas en su habitación. Todo empezó durante la entrega de regalos, un coqueteo sano y inocente, cuatro susurros que eludían con palabras el día siguiente en la cabaña pero que terminó con Othilia y Charles en la habitación de la primera en una posición poco apropiada, besándose como locos y teniendo que apelar a su sentido común para separarse precipitadamente, acordando verse en la cabaña para no terminar cometiendo imprudencias en un lugar tan prohibido.

El balance de la noche fue tan positivo que cuando Charles tuvo que ausentarse para no morir a manos de su padre por la incipiente crecida de su entrepierna, Othilia pasó rato y rato sonriendo como estúpida en su habitación y buscando ropa en la cajonera, siendo la primera vez en toda su vida que preparaba su cuerpo a consciencia para una “cita”. Gritó a su elfa, ordenó que preparara todas las cosas para el día siguiente en la cabaña, la mandó hacia allí y después de un largo baño fue a dormir profundamente. Gracias a los Magos por la mañana ya no quedaba nadie en su casa pues cada uno de los miembros habían retomado aunque fuera navidad sus quehaceres laborales y ella resignada, desayunó sola, probó la vuelapluma, terminó de empacar sus enseres y a la seis, tomó un traslador hacia Brigantia para dos minutos después desaparecerse a los Alpes Suizos.

La cabaña fue un regalo de su abuelo a su abuela por su aniversario numero treinta, no acudían mucho y la mayor parte del tiempo servia como refugio para su padre cuando debía hacer algún tipo de misión, esa vez sin embargo, había usado todos sus trucos para hacerse con la información sobre el paradero de su padre y estaba convencida que en menos de un mes, no pasaría por allí. Entró acompañada de su elfina, la mandó a adecentar aún más las cosas y tomó quince minutos para cambiar su incómodo vestido por unos shorts negros, un jersey dos tallas más grande y unas medias hasta la rodilla además, recogió su pelo en una trenza. Una vez lista y acomodada sus cosas en las cajoneras de la única habitación, bajó para encender la chimenea (sin tele, por favor) y añadir cojines en esa especie de cama-sofá que había justo en el lado. Terminó mirando a la elfina que asintió complacida por el resultado y en un suspiro, miró el reloj de su pulsera pues solo faltaban cinco minutos para las siete, justo la hora a la que citó a Charles.

- Ve a buscar los regalos pero escóndelos, no los puede ver – dejó caer su trasero sobre el sofá y soltando un suspiro aguardó los dos toques exigidos a la puerta que cuando sonaron firmes, rápidamente alertaron a Othilia que poniéndose en pie, caminó hasta la puerta, abriéndola abruptamente, enojada porque ya pensaba que no iba a llegar después de tanto tiempo– Llegas veinte minutos tarde – seria quedó mirando fijamente a los ojos a su prometido. Tragó aire para dispersar ese deseo común despertado la noche anterior que era superior a su enojo y apartándose de la puerta, haciendo acopio de voluntad para no besarlo, agregó - ¿Mis regalos? Tengo los tuyos.
- tono exigente y consentido, si ella tenía tres, quería el mismo número o superior.


Última edición por Othilia van Lieshout el Miér Dic 26, 2012 5:34 pm, editado 1 vez

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Miér Dic 26, 2012 5:10 pm

Y aunque hubiera preparado el traslador con cuidado y exactitud, apareció unos 30 metros alejado de la cabaña, en pleno camino rural, con la nieve acumulada traspasando botines de cuero, calcetines y la carne misma hasta helarle los huesos. Pero no fue ese su retraso, sino el inconveniente de los regalos. De una noche a otra, se había enterado que Othilia esperaba presentes en plural y si bien Charles había procurado uno correcto para la noche familiar, y uno importante y material para esa cita, comprendió perfecto que no era número suficiente.

Ahora el problema, de donde sacar putos, adecuados y numerosos regalos de la madrugada del 25 de diciembre a las siete de la tarde del mismo día? Sumándole que hasta las 3 de la tarde debía almorzar con su propia familia. Contemplando que si o si de su casa debía viajar a Brigantia y que Diagon estaba de fiesta, que en Hosmeade debía estar lleno de borrachos, que solo lo atrasarían más.... Se acostó sin pensar en los regalos, solo en la follada prometida del día siguiente, pero amaneció y almorzó con el nudo en el estómago cavilando que por un puto regalo no iba a perderse el propio que se estaba procurando. Y todo esto cuando más animado estaba, pues cuando no, lo azotaba la realidad de que esa cita de uno u otro modo terminaría en desastre.

- Lo siento - respondió secamente, con los pies empapados un par de paquetes cuantiosos que sostenía a dos manos, pero que eran la comida encargada y no los regalos. Aunque... - la comida no vale como uno?... es de la cafetería de Brigantia, imposible conseguir algo mejor hoy. - Y si no se tentó a besarla es porque sus botas pesadas de humedad, el frío en los huesos, los paquetes al frente y en eso Othi que se alejaba un poco y que le permitía verla, a cejas alzada como la desnudes de sus piernas se perdía debajo de un suéter casual, eran demasiado trastorno entre su boca y la de ella.

- cuantos exactamente tenía que traer? - Lo que fuera por charlar mientras se adentraba a la casa, como si fuera propia, dejaba los bártulos sobre un sitio cualquiera y de reojo pispeaba la figura de Othilia.- No te basta con mi impecable presencia impuntual? - Bromeó y hasta lo de impecable era irónico.


Última edición por Charles Luttrell el Lun Dic 31, 2012 1:09 am, editado 1 vez

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Miér Dic 26, 2012 5:30 pm

En verdad los regalos eran el problema menos grave que martilleaba la cabeza de Othilia en ese preciso instante, no cuando intentaba alejarse para evitar la tentación de retomar como obsesa las promesas carnales realizadas por las manos de Charles. Eso ofuscaba y enojaba a la holandesa a partes proporcionales pues jamás en su vida había notado la necesidad tácita de estar besando a una misma persona por horas o pensar en la belleza de las facciones de Charles semi empapado por la nieve. Tomó una gran bocanada de aire y decidió atribuir su enojo a cualquier estupidez que cruzara por su mente, mucho mejor hacerse la caprichosa que no mostrar cuanto la calentaba la situación y dejarse ver como una mujer normal.

- La suma de tus regalos debería ser igual o superior a mis presentes – hizo ver como si contara mientras tomaba asiento en el sofá, cruzando una de sus largas piernas encima de la otra y soltando un suspiro – un número total de tres – puso los tres dedos centrales para ejemplificar sus palabras – o más, cuanto quisieras, no tiene limites – en verdad un beso solventaría todo aquel maldito capricho pero orgullosa y reticente a aceptar la realidad, miró las bolsas de comida y gritó a Anul, su elfina, que se ocupara de emplatar la comida antes de desaparecerse hacia casa los van Lieshout, no tenía ganas de dejar más testigos que pudieran ser torturados por su padre. Ordenó que también subiera las cosas a la habitación y secara las ropas de Charles.

¿Sabes que creí que no vendrías? – añadió cabreada, poniéndose en pie para caminar hacia la chimenea, dándole la espalda y cruzó los brazos bajo su torso – Ayer me dijiste que era mejor no vernos hoy y después de veinte minutos ya estaba tan desilusionada que casi vuelvo a reunir mis cosas para irme de nuevo a Brigantia a pasar el resto de las vacaciones – eso y el enojo encima hacia que se confesara por los estúpidos nervios que habían incrementado el estado alterado de humor.

Un nuevo suspiro desde más hondo de su ser, giró su cuerpo para encarar a Charles, miró fijamente sus ojos y mordió su labio inferior, desviando los ojos cuando notó de nuevo el impulso adueñarse de su cuerpo – ¿Qué hay para comer? ¡ANUL! – fue directa hacia la pequeña cocina, huyendo de Charles para levitar con la varita la bandeja de la comida y hacerse con uno de los regalos, un baúl con todo de objetos para escritura, regresando a los pocos minutos y dejando el regalo delante de Charles – El primero.


Última edición por Othilia van Lieshout el Miér Dic 26, 2012 6:44 pm, editado 1 vez

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Miér Dic 26, 2012 6:05 pm

Lo dicho, esa "cita" sería un desastre y se sumaban motivos. Mientras Charles acomodaba los bártulos varios que traía en el sillón individual, primer objeto a su vista, bártulos que incluían además de la comida improvisada, algunos enseres de pertenencia propia, escucha de espaldas a Othilia, mirándola cada tanto, sacando él sus propias cuentas que perdía aunque bastaran los dedos de la mano, si sus ojos se posaban sin querer con aquellas piernas cruzadas. E igual como anoche, no entendía porque tan cabreada. O si, pero eran unos putos veinte minutos, y unos tontos tres regalos!

El grito a Anul terminó pro sacarlo de humor a él también. Que miércoles hacía ese bicho ahí!. No disimuló su enfado al ver al ser aquel, ni fue cortés como de costumbre. Le impidió toda posibilidad para con sus cosas y le obligó a punta de varita a quedarse en su sitio, allí como estatua en un rincón. Y no era por el bicho en sí, en su casa también había elfos, era por el hecho de que... - No se suponía que esto era... - secreto? pero no pudo terminar pues allí estaba Othilia con sus propios dramas, y su leve musitar de dudas no alcanzaba a llamarle la atención. En cambio la visión de su figura de espaldas mirando el fuego, si lograba sosegar a Charles.

Esperó a que ella se expresara toda, anotando cada palabra que pudo en su mente pues el había descubierto sin querer, un primer tema a tratar que por más regalo que se presentara ante su nariz y más belleza rubia, iba a ir delante de todo. Con la mano que no sostenía la varita tomó el presente, encontrándose por primera ves de frente con Othilia ambos ya con cara de enfado. El no iba a gritar ninguna cosa, siquiera por descargar energía contra un elfo domestico por más cabreado que estuviera. La histeria no era su fuerte. Ser directo si podía - Niña confiada. - dejó el presente sobre todos los demás bártulos en el sillón pequeño - Tu quieres que tu padre me mate, evidente... merlín. - se rascó la sien y señaló al elfo - llévatelo a la cocina, lo desmemorisas y lo mandas derecho a tu casa.- el género del ser le tenía sin cuidado, un elfo era un elfo y en ese caso poco importaba la genitalidad.

Por merlín santo! esos bichos eran traidores como nada más en el mundo mágico. Cero lealtad, por eso eran esclavos y no criaturas que por voluntad propia servían. Ni por voluntad, pero menos aun por intelecto. Y allí estaban los ejemplos de traidores a la largo de la historia, del que se hizo pasar por gnomo y lideró a los rebeldes, de que traicionó a los Malfoy, miles. Y si Jev lo mataba al menos que no fuera porque un puto elfo le fue con el chisme. Sin más se sentó en el opuesto sofá a quitarse las botas. Ahora si y con calma interior de problema resuelto a contabilizar mentalmente sus improvisados regalos. Y a aprovechar el tiempo que podía suceder que Othilia obedeciera pero le plantara escándalo por su "anul" al regresar.



Última edición por Charles Luttrell el Lun Dic 31, 2012 1:11 am, editado 1 vez

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Miér Dic 26, 2012 6:23 pm

¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué ella quería un qué? Claro que no quería que su padre pusiera ni un triste dedo encima de él pues para algo había estado defendiendo a Charles de las acusaciones de Jev durante toda la noche y cuando explícitamente su progenitor exigió una conversación con ella, Othilia preparó un plan de fuga que salió a la perfección o Charles ahora no estaría en aquel lugar. La sorpresa mostrada en su rostro, pasó a ser confusión y de confusión a enojo palpable por la fina línea en que estaban curvados sus labios como lo fruncido de su entrecejo. Miró a la elfa que estaba en una esquina atemorizada y parpadeó tranquilamente, sin ningún tipo de remordimiento en sus palabras, rodando los ojos y argumentando con mirada desafiante un – Sinceramente, tú tienes un problema mental – espetó sin ningún tipo de delicadeza y yendo hacia donde estaba la elfa para exigirle con un movimiento de mano que fuera hacia la cocina.

Claro que la desmemorió, un segundo bastó para que el animal olvidara cualquier punto del encuentro y la envió de vuelta a su casa en Holanda, solo complació a Charles porque ahora iba a entrar en cólera y prefería la soledad del encuentro- ¿¡Me escuchas cuando te hablo!? – añadió regresando con otro regalo entre las manos desde la cocina, uno más pequeño, envuelto en un papel marrón y adornado con un lazo blanco con un moño del mismo color. No usó delicadeza alguna, lanzó el primer libro impreso de leyes mágicas internacionales (uno que había costado mucho dinero) encima las piernas de Charles e hizo un aspaviento con las manos - ¡Te dije que vendría! ¡Y tu me dijiste que muy bien! – no importaba la elfa ahí importaba las palabras que ella había usado para explicar detalladamente el plan y él, no había escuchado ni una sola palabra.

- Eres un cobarde animalillo asustado por mi padre – espetó, histérica y yendo hacia el sofá para sentarse, lejos de él pues encima de todo, el desgraciado había despreciado sus regalos cuando ella, había invertido tiempo y esfuerzos mentales para encontrar cosas acordes con Charles - ¿En verdad crees que quiero que te mate?! Por supuesto, un pensamiento lógico sacado de la conclusión de que ayer me pasé la noche defendiéndote de él…. – un nuevo aspaviento y giró la cara hacia otro lado, sin mirarlo pero si perdiendo los ojos azules en la intensa nevada del exterior, no lo abofeteaba porque prometió no hacerlo porque ganas no faltaban

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Miér Dic 26, 2012 7:44 pm

“tu eres mi problema mental”. No lo dijo, pero que lo pensó lo pensó. Y en cuanto terminó de formularlo en la mente, la veía irse con esos aires obtusos y quitaba su botín con tal maña que le salpicaba la cara gotas haladas terminó por formarse en su rostro una sonrisa. Expresión que no le duraría nada, pues Othilia volvía y con ella la exasperación general, un paquete que no pudo atajar aunque intentó y si lo hizo a un lado como el otro era porque simplemente los regalos estaban siendo escusas que siquiera calmaban a la misma loca que los ponía en medio.

- Pues… no te entendí que estaría aquí cuando yo. Y en todo caso mal pensado tu plan. – bastante estúpido su comentario y tan bien merecido tenía el comentario siguiente de Othilia que ni defenderse intentó. Sacándose las medias, se levantó cuando ella hacía lo contrario para llevar todo al fuego y poner calzado y calcetines levitando frente al fuego. Desde allí la miró ofenderse observar la nieve, su peso hundiendo el asiento, los almohadones rodeándolo todo y entre ellos ambos paquetes, prolijamente envueltos.

Se tomó su tiempo, levitando sus pensamientos como los calcetines sucios junto al fuego. Repasándose con los dedos los labios, y sus ojos la espalda tejida de Othilia, sus piernas blancas algo acurrucadas, sus medias largas, y terminó por llegar hasta ella para sentársele al lado y rodearla por detrás. – no estés de mal humor, tengo tus regalos, he llegado… - apoyó el mentón en su hombro y concluyó – me contagias.- Malas palabras considerando que sus regalos eran un espanto, que la comida era brigante pero chatarra de cafetería, que sus pantalones mojados estaban contagiándole la humedad al sillón. Y que no le había pedido disculpas por el mal entendido sobre los elfos.

- Tengo un problema... no confío en los elfos.- eso era lo más cercano a una disculpa. Y ahora no sabía qué hacer, si quitarle las manos de encima o presionar el abrazo a su estómago, si abrir los propios regalos o dar los ajenos. Si acaso hablar o callar. Y solo le besó el cuello porque estaba muy a mano, y era de esas cosas que no había que decidir.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Miér Dic 26, 2012 8:05 pm

El mal humor no era por otra cosa que descubrir novedosas verdades sobre ella misma que no conocía después de dieciocho años de convivencia con su cuerpo. El resto era solo producto de la latente confusión que reinaba desde la casa Luttrell en su cabeza, poco importaba la elfa, los regalos o cualquier otra cosa, el problema era Othilia y descubrir que después de todo era tan humana como el resto de la población mundial, eso era la incógnita a descubrir en la maldita ecuación.

Tensó su cuerpo cuando notó su respiración en la nuca después de un largo intervalo de silencio, no por incomodidad (hacia tiempo que había solventado los problemas de espacio personal con él) más bien se trataba de la reacción desencadenada a raíz de las fuertes y cálidas manos del chico rodeando su cintura lentamente hasta entrelazarse en su vientre, el mentón en su hombro y el aliento contra su mejilla – Te contagias porque quieres – añadió sin saber bien si esa era la frase que tenía en mente o solo un malversación de las palabras originales que flotaban incoherentes en su cabeza debido a esa proximidad malsana.

Intentó prestar atención a sus palabras y a su vez, dejó sus orbes sobre el fondo nevado, deseando poder aislarse en el torrente de copos que caían directos desde el cielo pero en cambio de eso, notó como los labios iban posándose delicadamente sobre su cuello una y otra vez, robando suspiros de los labios sonrosados – ¿No podrías haber contextualizado ese detalle, ayer? – añadió pero en realidad estaba prestando atención a las manos que arrugaban el filo de su jersey, giró un poco solo para ver el rostro o sus ojos, saber si estaba usando aquello porque era una apuesta segura o porque en realidad deseaba besarla, incluso rozó sus labios con los de él en un momento dado para saciar parte de esa sed que acusaba su garganta pero tras un nuevo suspiro en sus labios previo a abrir los párpados para enfrentar sus orbes, Othilia se apartó lentamente para levantarse otra vez, salvando distancias para mantener algo de razón – Tienes dos regalos. El tercero esta en la cocina, puedes ir tu mismo a buscarlo – señaló el pasillo a la derecha con la mano con voz demasiado tranquila para la histeria presentada hacia unos segundos.

Si Charles iba hasta la cocina encontraría una jaula que contenía una lechuza. No era una lechuza cualquiera pues aún joven había resultado un polluelo del linaje que solían usar en el ministerio Holandés, muy efectiva, servicial y sumamente dócil, perfecto para su labor futura como ministro. Fuera como fuera, Othilia en pie delante de Charles, quedó mirando sus ojos sin saber que hacer o donde ir en aquel momento que no fuera otra vez entre sus brazos, opción que descartó – En verdad mis regalos me dan igual

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Miér Dic 26, 2012 8:36 pm

Intentó darle otro beso, pero ella se le escapó. No supo si la dejó ir porque aun no sabía que efecto había logrado o porque confiado la sentía más calmada, así como tampoco estaba seguro con ella de que aquello fuera una apuesta segura, cuando con otras muchachas, sin dudar hubiera comentado a cualquier que si. Se acomodó mejor en su sitio, por andar siguiéndole con los ojos y el cuerpo, desde allí sentado la escuchó y se tomó el tiempo que las palabras requerían. - ven...

La invitó a volver a su lado. No iría a la cocina ahora, tenía dos regalos allí mismo que abrir, y los suyos propios que dar. Sin esperar a que aceptase, primero se quitó el suéter que aun debajo de la capa pertinente algo mojado estaba, pero no lo puso a levitar, solo lo arrojó por ahí. Por cierto, donde habría quedado su capa? La elfina seguro! Bueno no importaba. Tomó los regalos y en orden inverso los abrió. Primero el libro. Lo conocía pero no, esa maravillosa sensación de saberse teniendo algo valioso en las manos, pero desconocer exactamente que. No volteó la mirada a Othi, y eso era buena señal, aunque no sonriera ni agradeciera: era prueba palpable de lo encantado que estaba, concentrado casi, lo tanteó, sopesó, terminó por repasar el lomo, y luego lo abrió en un sitio cualquiera solo para mirarlo apenas y meter la nariz en medio de las hojas. Olía a libro, a libro bueno. A buen libro. Se llenó los pulmones, dos veces y fue a la primera página a ver el índice, y ahí recordó que no estaba solo.

- Gracias... en verdad. - la miró y le sonrió y se inclinó a besarla. - voy a abrir el otro, pero no creo que nada supere este...- se equivocaba. Dejó el libro en manos de Othi y tomó el otro paquete, abriendo el envoltorio por donde correspondía, y encontrándose con algo que identificó antes de terminar de quitar todo papel. - asombroso!... cómo sabes? - le besó rápido y volvió a quitar todo papel - Cómo sabes! - volvió a decir pero ya no como pregunta, sino garantizándole que era la persona más sabia del recinto, quizá del universo. estaba maravillado por el set en si, pero más por el justo regalo que tenía en sus manos por... - eres increíble... amo estas cosas, yo se que es una tontería, pero... las plumas... ¡los sellos de lacrar!... estás tintas... uh hasta un corrector... Soy un tipo de escritorio, si algo puedo decirte de mi es que me gustan los juguetes de escritorio... - dejó la caja en su falda para hablarle directo.

- en casa tendremos un escritorio para mi, por favor? - claro Charles había delegado lo de la casa a Othi, como caballero que se preciaba de tal -... no pido un cuarto muy grande, solo un lugarcito, con un buen mueble para apoyar y... una silla cualquiera... donde pueda poner mis plumas y papeles... Sabes lo que digo?... esos cajones que solos guardan las cosas en orden?... de los que vienen encantados para que el tintero no se derrame, ni los pergaminos se arruinen... esos...- respiró - Gracias... - miró sus bolsas que aun yacían en el otro sillón - Mis regalos son una porquería... pero es que... tuve que improvisar... Solo tengo uno que vale la pena... En la semana compraré otros... para compensar.

Y si, se le cortó la frase en medio pues de la emoción egoísta por sus propios presentes, empezaba a atacarle los nervios por el que debía entregar. Lo que implicaba en si mismo, tema aunque digerido dificultoso, y por el rechazo que podía suceder, si no le gusta o si le parecía inadecuado, o muy típico, o... adjetivo negativo que fuera. Bajó la mirada y metió la mano en el bolsillo del pantalón, sacando el presente que cabía en la palma de su mano, si papel lujoso, ni moño decorado, solo una mínima caja oval de metal, en entregó de inmediato. Tragó saliva, debía apurar el paso antes de que Othi lo abriera, así debía ser, no?... - Te casarías conmigo?.... -

Si. Era estúpido, teniendo en cuenta que ayer en la noche habían dicho la fecha a la familia de ella. Y en la mañana Charles había hecho lo propio con su familia. Y que si, que en realidad estaban condenados desde hace tres años, y solo era cuestión de tiempo, o de suerte. Pero igual, ahí estaban sudándole las manos y diciéndole la tontería más cursi de la vida, solo por hacer como le dijeron que había que hacer mientras le entregaba el anillo de compromiso, el cintillo real y fáctico, ese que todas soñaban recibir y blablabla...

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Miér Dic 26, 2012 9:09 pm

Othilia había pasado tiempo en silencio aprendiendo cualquier cosa visible que Charles realizara. Los chalecos, los libros, la escritura, todo era una característica del chico y la holandesa decidió dedicar los presentes entorno a todos esos detalles que tan feliz hacían a su prometido porque en realidad, ¿eso era un regalo, no? La cuestión era dar en el clavo y como siempre la rubia no dejaba nada a la eventualidad y si debía irse hasta Alemania para comprar el set de escritura con el matasellos creado expresamente para Charles (tenía las iniciales CL) pues tomaba un traslador, que la puja por el caro libro era en Australia, pedía a su madre compañía y ya de paso, compraban el chaleco en una de las tiendas adheridas.

Más que recibir regalos a Othilia gustaba ver la reacción que desencadenaban los suyos. Escudriño cada facción de Charles a medida que adoraba el libro, página a página y una sonrisa cruzó su rostro, feliz por haber acertado y recibiendo gustosa el beso junto el libro. El abrir el baúl fue casi como descubrir el pozo de la fortuna para Charles que realmente cambió su forma de ser a un ente jovial y animado que empezó a soltar una verborrea que no molestó a Othilia, todo lo contrario, acrecentó la sonrisa y encogió los hombros cuando hizo referencia a como sabía ella todo aquello, quizás él necesitaba preguntas pero ella empezaba a conocerlo solo con ver como actuaba a diario. No obstante, la sorpresa volvió a cruzar su rostro cuando empezó a mencionar el deseo explicito de tener un pequeño lugar donde trabajar en una casa regalada por sus propios padres – ¿Pero que eso no era menester? – aún no había puesto sus esfuerzos en redecorar la casa pero suponía que Charles necesitaría uno de esos como su abuelo tenía o su propio padre, un lugar donde ser feliz con sus pergaminos o trabajos, ya daba eso por descontado no necesitaba una petición casi en circular por mano del inglés – Todo cuanto quieras – añadió para zanjar el tema.

Ella también era una aficionada a los libros, paseó la mano por encima de la portada y desvió un segundo los ojos de Charles para cuando volvió a ponerlos, había una cajita plateada. Parpadeó nuevamente sorprendida por el brillante presente y alzó la mirada hacia los ojos de Charles para cuestionar implícitamente, sin usar una palabra, si ese regalo era realmente el suyo. Alargó los dedos para tomar la pequeña caja y abrió con ojos entusiastas para descubrir un precioso anillo que hizo a Othilia morder su labio inferior de la emoción. No era chica de gustos ostentosos pero aquella pequeña joya era la más bonita que jamás había visto y casi que era perfecta para su dedo, quizás por ese entrelazado estilo gótico o los pequeños brillantes a los lados, fuera como fuera, ese era el mejor anillo y más adecuado para Othilia.

La pregunta de Charles llegó con retraso a sus oídos, fascinada con ese brillo innato que surgía de la piedra alargó el momento un segundo para dejar la caja encima del sofá, tomar el anillo y probárselo en el dedo anular, admirando su bella forma en su dedo largo y paliducho. Volvió a levantar la vista hacia Charles y no hizo espectáculo histérico como otras muchachas, sonrío algo divertida por la pregunta y alargó el dedo índice para tomar su barbilla, acercar su rostro a ella y acariciar sus labios con los de Charles, primero suave y pausado, luego más profundo hasta dejar apoyada la frente en la suya y agregar un - ¿No íbamos a casarnos ya? – sonrío un poco y dio un beso suave en sus labios – – miró el anillo de nuevo y rozó su nariz con la suya – me gusta mucho, es perfecto- esta vez entrelazó sus manos tras su nuca y beso otra vez profundo, largo y sin prisas – tanto como tu. Te queda un regalo por descubrir – añadió jugueteando con sus labios, ensimismada.



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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Jue Dic 27, 2012 2:51 am

Cómo le sudaban las manos! tuvo que repasar ambas palmas por sus muslos mientras esperaba la reacción de Othilia que se le hizo eterna, por sus desajustes internos, pues la realidad mostraba a una joven que se mordía el labio inferior maravillada y que pasaba a ponerse el obsequio para vestir su dedo, que le miraba y le besaba … y le bromeaba. Al fin sonrió él también, pero no antes de que el “si” concreto que necesitaba llegara a sus iodos, directo al cerebro que avisaba al resto de su sistema que era hora de dejar el escándalo angustioso de manos silenciosas y húmedas.

La rodeo por la cintura, y si no le besaba bien es porque andaba sonriendo. Respirando algo agitado de puro nervio y de volver a sentir que no quería casarse. No era contra Othi, era simplemente un pánico que iba a tener que trabajar con hipnosis chamánica de seguir así. De todos modos Charles no lo descubría aun, solo tenía el sentimiento espantoso en la boca del estómago que intuía como un claro “no quiero, no quiero” verbal en su cerebro, cada vez que el tema se ponía intenso como en el segundo anterior. Podía hacer planes, podía bromear, podía ir el mismo a comprar el anillo, pero en algún momento le saltaba eso. Como en la sala común, y luego se tranquilizo. Como con la dependienta de la tienda, y luego terminó comprando, como recién… y ahora ya estaba besándola lo más normal, acariciándole la espalda dispuesto a decir todas las tonterías del caso.

– Tu: mi regalo – le contestó recargándola sobre los almohadones, viajando un segundo a su mejilla, volviendo a besarla en los labios. Buscó su brazo para recorrerlo y llegar a sus dedos, entrelazarlos y chocar de buena gana con el objeto nuevo – la vendedora dijo que unos minutos y se adaptará perfecto a tu dedo.– se incorporó un poco como subiendo más al sillón de dos cuerpos, apoyando la mano de Othi sobre el suéter aquel, mientras mirando el objeto y a los ojos de la chica intermitentemente, se atrevía a buscar con caricias una piernas cualquiera de esas que había visto ir y venir hasta desaparecerse en la lana

– Está embrujado – le sonrió, continuando. – ya no podrás desearme buena suerte… pero sí a todo aquel que te molesten… - Othi sabría de que hablaba, los encantamientos mala fortuna sobre los anillos, habían sido moda por siglos y ciclos. Charles no sabía si hoy mismo se usaba eso, pero a él le había resultado simpática esa idea de entre todas que la tienda proponía. Terminó por acercarse más a su rostro hermoso para volverla a besar, metiendo mano obvia por debajo de la prenda tejida. Iba muy rápido?.. pues así cuando había que despejar la mente de otros fantasmas peores.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Jue Dic 27, 2012 6:10 am

Había algo dentro de ella que no funcionaba según los estándares acordados a su propia personalidad y no solo en referencia a esa calentura malsana que experimentaba a cada roce, mirada o beso de Charles, más bien algo que no terminaba de hallar en su interior para otorgarle un nombre, un eslabón perdido en su conducta y creía que con tiempo, tal vez presionar la palanca correcta, hallaría el motivo. Tampoco era un delirio derivado del peso del nuevo anillo que llevaba ligado a su dedo anular derecho, Othilia podía tener miedo ante la perspectiva de un matrimonio concertado pero cada noche, día a día, reflexionaba e intentaba digerir la noticia a su modo, no hablaba con nadie de las dudas creadas a raíz de lo imprevisible o no tener la situación bajo su control y por todo eso, había decidido hacer de la decisión de sus abuelos algo personal. Tal como había dicho a su padre la noche anterior, quizá en un primer momento no era su elección pero ahora sí: la ceremonia, Charles y su futuro matrimonio.

Sin poner obstáculo alguno, reclinó su cuerpo sobre los mullidos cojines que había dispuesto sobre el sofá y a su vez, deslizó lentamente las manos desde la nuca de su prometido hasta su torso, apelando a una hipotética distancia segura para controlar sus deseos más bajos. Una vez más perdió el hilo de sus pensamientos o más bien, dejó de escuchar esa voz de la consciencia que siempre dictaba las cosas correctas según el criterio estricto de Othilia. Las manos de Charles recorriendo lentamente sus piernas, obnubilaban su sano juicio y abandonaban la mente de la chica a pensamientos vulgares, comunes y mundanos. ¿Qué tan poca justicia hacía esa camisa sobre su cuerpo ligeramente frío y húmedo? ¿Por qué perdía el tiempo hablando cuando ella necesitaba volver a sentir su aliento ocupando su boca? No era así, Charles prefería hablar del anillo que excluyendo el peso importante para una relación era una bonita joya sin más significado que adornar su dedo y marcar territorio para que todo el mundo conociera el vínculo que la unía de forma inevitable con el inglés. Ella prefería eludir en ese momento todas esas ideas preconcebidas y pasar a algo mucho más interesante que había estado evitando y deseando a partes proporcionales desde que escuchó los dos toques en la puerta.

Solo porque quería hacer ver que todo estaba aún bajo su control, asintió ante la mención del doble uso del anillo, claro que había escuchado sus efectos si deseabas buena suerte a alguien mientras tocaba su cuerpo con el anillo y era meramente útil pero Othilia prefería concentrarse en seguir con su mirada esa mano que osada iba a colarse bajo el jersey siguiendo la línea natural de su pierna y los labios de Charles adueñándose de los suyos. Respondió rauda a ese gesto, moviendo suave sus labios sonrosados encima los de él, suspirando de gusto contra ellos y buscando nuevamente su torso con las manos para sentir un punto de apoyo. En un movimiento involuntario, casi instintivo, empujó ese torso no para apartarlo como otras veces solo para hacerse un lugar y poder subir a horcajadas encima de sus piernas, rozando las entrepiernas aún cubiertas por mucha ropa.

En ese momento, Charles apoyado en la pared y ella encima, dedicó una mirada larga y cargada de significado, resiguiendo con la punta de sus dedos el filo de la camisa del muchacho hasta llegar a su cuello donde tras otro breve intercambio visual , empezó a deshacer los botones de manera pausada y dedicando en cada uno de ellos un beso largo y profundo, aprovechando los espacios entre botón y botón para reseguir la piel con la punta de los dedos y también para mirarlo a los ojos como viendo que en verdad estaba yendo por buen camino. La respiración de la holandesa empezaba a tomar un ritmo discontinuo y cuando llegó a ese último botón, cuando empezó a deslizar las palmas hacia arriba desde su abdomen hasta su torso, notó la necesidad de fluir un comentario que acompaño con una nueva mirada en los ojos – Te quie…. – en ese maldito instante, encontró el eslabón perdido y cortó su confesión. Calló de repente y sabiendo que estaba a punto de delatarse en contra su voluntad, tomó una bocanada de aire, enrojeció sus mejillas un par de tonos y profirió un corto beso en esos labios que tanto gustaba para bajarse de él y mareada por una opresión en el pecho presa del miedo. Era mostrarse débil desde su punto de vista y rebelar su talón de Aquiles, sentía pavor por decir esas palabras (aunque eran bien ciertas) y luego perderlo de una manera o otra, entregarse a ojos cerrados a sus brazos y ser después rechazada, así que aturdida con la propia revelación mental añadió un – voy a por tu regalo – hizo una señal con el dedo de un minuto y salió casi huyendo hacia la cocina, pasando de largo por ella, la lechuza que ululaba en un rincón para abrir la puerta trasera y encarar el frío inhumano alpino con ropa ligera y todo.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Sáb Dic 29, 2012 1:18 am

No llegó ni a pensar que lo estaba apartando por su descaro, que tenía sobre sus ojos la mirada encendida de Othilia, gesto que incluso aislado podía hacerle hervir la sangre de un segundo a otro. Y así fue, e in crescendo como el ritmo de su respiración en los eternos deliciosos segundos que la muchacha se tomó en desprender entera su camisa mientras lo distraía a besos que sin problema respondió, uno y otro, mientras acariciaba con paz exterior las caras externas de ambos muslos blancos que lo apresaban.

Tampoco llegó a entender sus palabras pues antes que nada y por costumbre pensó que, nuevamente sus manos subiendo por dentro del sweater polar habían sido culpables de toda interrupción repentina, violenta. Tan bien que la cosa iba, estúpido Charles y tus manías. No la detuvo en su huía pues lo suponía lógico y le daba a él tiempo para replantearse algo todo aquello, tomar aire y volver a su acostumbrada calma que lograse a Othi dejarse querer en vez de huir. Pero en cuanto sintió una ráfaga helada llegar a él y el ruido notorio de una puerta cerrarse supo que algo no andaba bien…

Ni modo que el regalo estuviera en el exterior cuando la perfeccionista holandesa había dicho claramente y varias veces que yacía en la cocina. Tan mal había estado como para que ella se fuera d ela cabaña? Tan osado? Si habían hecho cosas peores… quizá era el momento, una semana cargada de cosas pesadas. Rápido tomó sus botas y se las puso así no más, no se prendió la camisa pero si tomó al pasar una capa o algo que había por allí y persiguiendo el camino por donde la había visto pasar fue a su encuentro, viendo la cocina, los trastos, las alacenas, lechuza sin reparar en ellas, tomando el pomo y abriendo convencido, observándola a una distancia de metros que sorteó como pudo apurando el paso, trotando en la nieva, hasta llegar a su espalda.

- Loca – le susurró poniendo la capa sobre sus hombros para en un acto extraño tomarla por la cintura como niño que se comporta mal y dar media vuelta con ella alzada centímetros de la nieve para volver a la casa. – donde ibas? Entramos, te suelto y no te toco más lo prometo… Podemos cenar tranquilos. Fue una semana complicada. Fui un idiota con lo de Anul – y si procuró mencionar el nombre del ser para hacer más amenas sus palabras, convencerla mejor – pero no huyas al frío… - suerte que ya estaba a nada porque tenía la espalda helada.

La soltó por abrir la puerta y la empujó dentro, quizá no de la manera más gentil, pero tampoco como bestia, solo el apuro de estar cagándose de frío. – Calor… - murmuró prendiéndose la camisa dando pasos hasta la sala para traer a la cocina la bolsa de comida – a ver que me dieron los de la cafetería… tenemos… pan. – buen punto para empezar e iba sacando las cosas – queso. Una manzana… mmm… ah esto es bueno – alzó una botella de licor élfico – pero tu no tomas alcohol… bueno para la próxima ya sabemos que planear los víveres no es mi fuerte. – al final nada era del fuerte de Charles. Y si bien la miraba a cada cosa que sacaba y quería armar con ella una cena decente, también como había dicho se tomaba en serio sus propias palabras y no volvería a molestarla con toqueteos… a menos hasta que se le olvidara o volviera a caer en la tentación.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Sáb Dic 29, 2012 3:57 am

En ocasiones creía quien debía llamarse Winter no era su madre más bien ella, el frío no era solo una afición bizarra para Othilia en verdad la brisa polar ahuyentó sus temores y calmó su estado alterado, contempló los puntos desde todas las perspectivas, evaluó la situación y encontró tras la tercera sacudida helada, una conclusión pero para esos entonces, los crujidos estruendosos la alteraron de la presencia de Charles. Giró hacia el origen del ruido y el inglés tras ponerle su capa, tomó su menudo cuerpo en brazos para cargarla hasta la casa y Othilia por primera vez calló sin oponer resistencia, dejó que la manejara y sintió dulce el contraste de temperaturas. El rostro del muchacho a escasos centímetros del suyo, la mirada confundida y sus palabras que casi hacen estallar a la holandesa en carcajadas psicóticas por el absurdo contenido pues estaba equivocado a cada frase que pronunciaba.

A esas alturas de la relación, Othilia gustaba tanto como Charles del toqueteo y no importaron las manos subiendo por su jersey, incluso podía habérselo quitado que no hubiera abierto la boca más que para besarlo y tampoco era cuestión del elfo, eso quedó muy atrás, pero si que podían retomar un punto de aquella conversación: no la escuchaba. Había pronunciado un medio “te quiero” claro y conciso, un poco de intuición bastaba para entender las palabras de la rubia pero Charles estaba ahí, empujándola hacia la casa de nuevo, mencionando el calor y como idiota creyendo que era cuestión de sus manos, no de un problema interno de Othilia con el temor a decir algo, entregarse y luego perder a esa persona.

No siguió a Charles directamente a la cocina, primero quitó la capa del chico, olfateó su aroma delicioso y dobló la ropa para dejarla cuidadosamente colocada encima del respaldo del sillón individual. Una vez realizado continuó hacia la cocina, entró y en la mesa donde estaban las cosas, tomó la posición justo delante de él al otro lado del mueble, mirando como empezaba a sacar las cosas sin abrir aún la boca, asintiendo ante la mención del licor élfico y apartando un segundo la mirada de las facciones del inglés, tomó una profunda respiración, buscando voluntad para hacer el siguiente movimiento.

Rodeó la mesa arrastrando la yema de los dedos por encima la superficie y cuando llegó justo al costado de Charles, empujó un poco su brazo hacia atrás para hacerse un poco de lugar entre la mesa y el cuerpo atlético, tomando la botella con la otra mano para dejarla encima – Rectifico – hizo una pausa mientras clavaba los ojos azules en los del chico - el problema no es mental… es de oídos, límpialos, te hace buena falta pues te pierdes las cosas interesantes – sí, hasta ella veía que una confesión a esas alturas era un suceso extraño y único.

Las yemas de sus dedos acariciaron desde la palma de las manos de Charles, arrastrándose hacia arriba en coordinación por toda la camisa, pasando por sus hombros, jugando en su cuello y posándose en su rostro, obligando que la mirara – Bésame y tócame cada minuto si es preciso – sentenció con la verdad en sus ojos – El problema no es ese, el problema es que estaba a punto de decirte “te quiero”. En realidad lo dije pero ni cuenta te diste – acarició la curva de su mandíbula – pero entonces... un pensamiento fugaz cruzó mi mente… si digo eso, más tarde, cuando me dejes, no podré con la idea – besó corto sus labios y giró en el corto espacio para mirar todas las cosas que Charles había sacado de la bolsa. No tenía ni idea de cocinar y Anul estaba de vuelta a Holanda y no quería hacer frente a las cosas que acababa de decir, era vergonozoso. Tomó el licor élfico y dos vasos que habían encima la mesa, un día era un día, no iba a morir perdida en el monte.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Sáb Dic 29, 2012 8:59 am

Othilia se le puso en medio y eso lo entendió como un llamado de atención, dejó a gusto el vino sobre la mesa dispuesto a escucharla, no fue la orden de llamarlo sucio sino el hecho de las cosas interesantes lo que le hizo fruncir la cejas por no saber de que diablos estaban hablando ahora. Su gesto de acariciarse la frente, el lugar justo enjuto entre ceja y ceja quedó en un simple apoyar de dedos, cuando para colmo de desconcertaciones Othi lo acariciaba y le decía que la bese y la toque a cada minuto. Cosa a la que de inmediato respondió como orden apoyando sus labios en los que hablaban, aunque al instante pensara que sí!, que Othi tenía razón de la manera más pragmática: tenía que limpiar sus oídos, quizá tenía un gnomo viviendo allí.

- No veo el probl…- empezó a hablar que ella ya le estaba dando la espalda, sirviendo vino. Y se tomó un momento no porque tuviera problema en decir lo que había querido desde que despegó sus labios sino para ver si terminaba de entender el problema planteado. Y en algún punto, creyó que si y volvía a pensar que no era un problema real mientras le abrazaba desde atrás por la cintura, apoyaba en mentón en el hombro ajeno y con naturalidad le decía – yo te quiero… mucho. Y no voy a dejarte… - negó con el rostro – no entiendo. –

Y sucedía que Charles si bien torpe e intelectual, era afectivo y de tan natural que se le hacía quererla a ella o a cualquiera se le pasaba por alto tener que verbalizarlo por allanarle el camino al otro. Es más, todo lo entendía desde lo afectivo, haberle prometido felicidad futura cuando ella aun le cacheteaba, incluso los acercamientos físicos que difíciles le eran de evitar tenían que ver con lo afectivo, con el cariño. Si se preocupaba porque Othi se llevara bien con Aldrich era porque a su amigo también lo quería. Si le preocupaba conocerla para formar una armónica familia es porque desde el vamos, a esos niños inexistentes también ya los amaba. Así que no, no entendía cual era el problema en decir un te quiero.

Se lo hubiera dicho antes, de haberse dado cuenta que era menester, pero lo doy por sentado, que para él no era difícil ni extraño querer a la gente. – yo te digo una y mil veces que te quiero. Luego si me dejas es otro cantar… Puedes hasta decirme que no me quieres y yo te querré igual…. Mi hermana me hacía eso. – anécdota familiar para distender. – pero luego no te quejes si un día dejo de quererte… - Tomó el vaso de vino por detrás de Othi, pero haciéndose un poco hacia el costado para que ella girara y brindaran o lo que fuera. – Salu! – chocó el propio con el ajeno para llevarlo a los labios, y con gusto a vino besarla corto. Tampoco sabía en qué momento había empezado a quererla, pero como era lo que esperaba no le causaba turbaciones.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Sáb Dic 29, 2012 10:09 am

Charles podía ser muy abierto y afectivo pero Othilia era mucho más reservada y recelosa con sus sentimientos. Verbalizar un “te quiero” no era sencillo para la rubia. El problema venía por cuestiones familiares y una crianza austera, sola siempre, ¿quién podía decirle esas cosas? ¿la elfina que Charles había acosado con la varita? Claro que no, jamás. La cuestión era que para compensar la carencia de afecto desde pequeña, Othilia empezó a crear capas y capas que cubrían sus auténticos sentimientos, construyó una imagen imperturbable y fría expulsando a cualquier que osara acercarse con su carácter fuerte y despiadado, mejor no tener nada a tenerlo todo y pederlo.

El único que parecía tener paciencia y afecto para aguantar su complicada existencia era Charles, desde septiembre (aunque en realidad desde la pedida de mano) no había hecho otra cosa que acercarse lentamente a ella, paso a paso, teniendo paciencia infinita cuando recibía el mordisco por parte de la rubia y volviendo a reiterar en el asunto sin perder la voluntad, tanto que Othilia había terminado por aceptar primero su compañía, luego sus besos y por último sus caricias, había aprendido a agachar las orejas y dejarse querer pero el problema radicaba en romper las mil barreras para tomar con naturalidad un “te quiero” y eso solo necesitaría un poco más de paciencia, quizá era pedir mucho pero solo era cuestión de acomodarse a la situación.

Notó sus manos entrelazándose en su cintura, el peso del mentón sobre su hombro y el cálido aliento en su oreja. Encogió sus hombros sirviendo uno de los vasos de vino, asintiendo por las palabras de Charles algo más convencida, agradeciendo silenciosamente que no la dejara sola en eso y que facilitara el camino con sus palabras – Si digo que te quiero es que te quiero, no tragiverses mis palabras – si sonaba algo seca sus palabras pero no era por enojo o algo así, más bien incomodidad de estar tratando abiertamente aquellas cosas, paulatinamente podía acostumbrarse pero aún necesitaba tiempo. El tomó un vaso de vino, apartándose y ella hizo propio con el bizarro licor, girando para encarar a su prometido, oliendo un poco el vino y preguntándose internamente una serie de cuestiones: ¿cómo había logrado ella hacerse querer? ¿Cuándo había ocurrido qué Charles la quería? ¿por qué si a veces era tan desastrosa con él?

El choque de copas sacó a Othilia de sus cavilaciones mentales, asintió y bebió un poco del vino, haciendo una mueca de asco pese a que estaba suave el licorcito pero para ella era la cosa más amarga del mundo. Hubo un beso tras el trago, miró otra vez la copa de vino, movió el interior, paseo la lengua por su paladar para degustar el amargo sabor y terminó dejando el vaso encima la mesa para acotar la distancia entre ellos, ponerse de puntillas (sin tacones la diferencia era algo notable) y besar sus labios de forma lenta y pausada, afectiva y cariñosa, creyendo mejor el gesto que palabras para ejemplificar el significado de su “te quiero” pero por si el gnomo del oído de Charles habitaba algo más profundo en su oreja afectando su cerebro, añadió un – te quiero – entero, sincero, bajo y en un susurro antes de separarse para ir a buscar un maldito cuchillo o eso que necesitaran para cocinar.

- No se cocinar – confesó con naturalidad, era niña de bien y dependía absolutamente de los elfos domésticos para no morir de hambre. Rebuscó entre los cajones hasta encontrar un cuchillo de trinchar, grande y afilado, parecía perfecto para cortar el duro queso así que regresó con él – pero no debe ser tan complicado si lo hacen unos elfos vulgares – añadió dejando fluir un poco de su petulancia, suspirando por tener que hacerse la comida cuando podía dedicar sus esfuerzos a otras cosas como darle otro beso corto en los labios a Charles (hecho que puso en practica) antes de coger la pieza de queso y cortar un trozo de forma desigual. Miró el resultado, giró la cabeza hacia él e hizo una mueca de desagrado – Te vas a conformar con el resultado, eso te pasa por enviar a la criada lejos – miró el dedo índice donde brotaba una diminuta gota de sangre por poner mal el cuchillo en el corte, nada doloroso ni alarmista y sacudiendo el dedo, se acercó a él – Mira – enseñó el dedo- Solventa – y en cambio de dejarlo hacer cualquier cosa por su dedo, empezó a besarlo apoyando una mano en su nuca para atraerlo hacia ella, mejor distraerlo que reírse de su mala praxis cocinera y que fuera a burlarse de su inutilidad.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Dom Dic 30, 2012 2:01 am

Te quiero – respondió copiando el tono, luego del beso y de terminarse casi terminarse la primera copa de vino en dos tragos. La verdad es que se estaba mucho mejor, cuando las cosas se ponían en su sitio. Entonces si podía volver a tocarla, no? Pensamiento liviano pero pensamiento al fin y era un punto interesante a tener claro, como tantos otros para saber cuál era la mejor forma de comportarse pues a Charles los exabruptos y dramas eran algo que lo excedían. Menester aclarar que el muchacho sabía perfectamente que la mujer que tenía en frente era de las menos histéricas y problemáticas que pisaban la tierra, así que quizá fuera esa impavidez de Othilia una de las cosas que hacía fácil quererla. También lo que en otras ocasiones lo volvía loco.


- Yo tampoco- acompañó ordenando los víveres sin un criterio real pero como toda la imagen de que sí sobre la mesa. – ya descubriremos que tan difícil es… – le charlaba observando dudoso semejante elemento filoso en las manos de Othi. Daba una imagen realmente siniestra. Encantadora pero siniestra. También observó el resultado, pero asintiendo de buen modo sorprendido por las habilidades ocultas y siniestras, quien decía que con un poco de práctica…. Y terminó por reír a lo grande a aquel dedo mancillado.

Ya había sacado la varita para reparar el daño cuando se encontró con un nuevo beso, al que respondió deseoso, algo juguetón, alzándola por la cintura a dos manos para sentarla en la mesa. Apoyó frente con frente y resolvió el problema, que por menor que fuera no había porqué dejarlo estar: tomándole la mano dañada con una propia y la varita con la otra, hasta que el episkey hizo su trabajo. – mi turno… tu evalúa – le entregó su varita y se corrió unos pasos para tomar el cuchillo y hacer su intento con el queso. Y si le salió mejor el corte no era por mayor práctica, sino por una fuerza de sus brazos capaz de controlar con facilidad ese tipo de menesteres físicos. - … que cuando viva solo no quiero morir de hambre… - tomó el pan, lo cortó y le untó con una crema, pote de vidrio que antes había dado a Othi para abrir. Se ensució algo los dedos pero nada que llevárselos a la boca no pudiera solucionar.

-No sé si quiero un elfo… es decir, si voy a estar solo y tu en la Universidad prefiero que no... Que harás con Anul?... – Charles no tenía muy claro si Othi pretendía a Anul como doméstica o si quería nuevos. En todo caso podían tener 1, 2 o 10 que a él más o menos le daba igual. Si se ponía a pensar no sabía con exactitud cuantos había en su propia casa paterna, eran temas sobre los que nunca antes había tenido que reparar. – Ella nunca me respetará como a ti, lo sabes… tienen esas mañas los elfos. – unas fetas de lomito adobado dobladas en dos sobre cada rodaja de pan, el queso antes cortado. – tomate?... o… - miró otra verdura que había ahí sin saber exacto su nombre – esto? - cortó y cortó, puso el pan y dio por finalizados ambos. Se quedó con el más desprolijo a su modo de ver y entregó el otro a Othi.

– Cuéntame de nuevo nuestro plan. Como es todo?... el 21 la celebración… de noche o de día?.. y luego? El 22? Y el 23… - Y mordió su bocata, recargando un codo sobre la mesa, poniéndose de lado para mirar a Othi mientras ella le informaba como era la cosa. Y se refería a todo el plan, que pasaba luego de que se casaban? Tocaba luna de miel, o la dejaban para más adelante? A donde quería ir y cuanto tiempo?... Y luego? Volvían a la uni o se tomaban vacaciones ociosas de felicidad matrimonial? Iba ella a terminar el semestre o volvería a cursar en septiembre?...

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Dom Dic 30, 2012 4:30 am

Frunció primero bastante el ceño por la risa de Charles a raíz de su malogrado dedo pero terminó sonriendo contra sus labios cuando la subió encima de la mesa. Echó una mirada de reojo para cerciorarse que no había nada pegajoso bajo su trasero aunque rápidamente concentró su atención en las manos del inglés obrando milagros mágicos sobre pequeñas heridas, mirando sus ojos sin apartar la frente de la suya y manteniendo una liviana curvatura ascendente en forma de sonrisa sobre sus sonrosados labios holandeses.

El hombre y más talentoso, culinariamente hablando, tomó el relevo de la situación bajo la atenta mirada de su prometida que sujetaba la varita con una mano y el tarro con crema en la otra. Cabe decir que por un segundo abandonó su eterna vigilancia para intentar a pulso deshacer la rosca del bote pero como su fuerza era equiparable a la de una mosca, lanzó un evanesco sobre la tapa metalizada y orgullosa por servir de forma útil a la tarea de preparar comida, tendió la crema abierta a Charles, escuchando con interés sus palabras y abriendo la boca para protestar – ¿Cómo qué solo? ¿No me quieres en Gales? – ya había mencionado la noche anterior que había enviado una solicitud a una nueva universidad francesa, libre de residencia para ver si podía aceptar su permanencia allí, sería mucho más fácil para los dos si Othilia podía ir cada noche hasta Gales para pasar tiempo juntos aunque el asunto quedó a la nada en casa de sus padres cuando Charles mencionó que hablarían mañana… es decir, el hoy.

Analizó la tarea y parecía ir por buen camino, no era el sándwich con mejor pinta del mundo pero desde luego tenía mucho mejor color que el hipotético realizado por ella. Escuchando como Charles volvía a inquirir sobre Anul, Othilia alargó la mano para robar un trozo pequeño de queso que había caído del mal corte y llevó rápidamente a sus labios, moría de hambre después de pasarse el día organizando aquella noche – Voy a concertarte cita con el medimago cuando regresemos a Brigantia parece que el gnomo ya construyó casa en tu oído – estaba observando un punto fijo de delante pero sonrío ladinamente ante el precario resultado de su broma, mirando un segundo de reojo y buscando un trozo de lomo para picar otra vez – siempre puedes aplicar un crucio contra ella para ganarte su respeto, papá hace eso y no escucho quejas por su parte - ¿Quién iba a quejarse con tremendo torturador cuando no eran más que mascotitas serviciales? Fuera como fuera Othilia encogió de hombros ante la pregunta del tomate y la cosa esa cuyo nombre ambos desconocían, todo cuanto quisiera mientras el resultado fuera agradable al gusto.

Recibió el sándwich y pasó la punta de la lengua por donde estaban los cortes del pan para retirar los restos de crema, lamiendo a posterior sus labios y mirando a Charles ante tantas preguntas, parpadeando mientras las organizaba en su cabeza y tomándose un minuto para buscar respuestas – Yo no tengo plan. ¿Tú? – un bocado a su sándwich, masticó lentamente tantas veces como era preciso y tragó suavemente, efectivamente era comestible – aunque ya te he dicho que viviré contigo, no sé como pero encontraré la solución, una universidad francesa o una a distancia – un nuevo bocado a su sándwich y tiempo para masticar – ¿Qué no quieres a Anul? La dejamos en Holanda y compras los elfos que quieras, me da igual, pero si no hay servidumbre vas a tener que cocinar tu cada día y aunque pareces un poco más aplicado en la materia que yo, no creas que esto recibe el calificativo de comida – mostró el bocadillo y tiró hacia delante para darle un beso con sabor a crema en la comisura de sus labios para restar importancia a sus propias palabras.

El veintiuno, no alargamos mucho la ceremonia, me pone nerviosa tanta celebración para algo que parece que ya tenemos claro… quizás podría ser a la noche cuando todo el mundo este desocupado. Luego nos tomamos festivo unos días para aprovechar que mis padres nos pagan una luna de miel – miró a Charles y recordó aquellas promesas antiguas sobre hacerla sentir en la cama durante esos días, enrojeció un poco y tras tragar el bocado, entreabrió los labios para soltar un suspiro – regresaremos, terminas tu carrera que es primordial y ya luego analizaremos la situación durante el verano. ¿Te parece o dejo algún cabo suelto? - pausa para mirarlo seria, parpadeando lento y comiendo otro bocado, bien analizada la situación desde un punto práctico y efectivo, nada a la eventualidad - ¿Dónde quieres ir de luna de miel? Decide o te llevo al polo Norte.



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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Lun Dic 31, 2012 2:11 am

Si había cosas por las cuales casarse parecía pronto, eran aquellas que estaban saliendo a la luz. Y no eran cuestiones terribles y malsanas, sino las simples preguntas de un plan que habían anunciado antes de tener terminado y entendido de pies a cabeza. Si bien Charles consideraba la espontaneidad un virtud, no solo no era la suya, sino que prefería el otro extremo, quizá por miedoso, pero así era. Y una cosa que él mismo entendía como dificultad en aquel proceso de armar un plan juntos, es que conocían poco y nada las intenciones individuales del otro, cuanto cada quien estaba dispuesto a ceder y que cosas eran obvias y cuáles no para cada cual de aquella pareja.

- No te metas con mis gnomos otorrinos – dijo con tono receloso aunque claramente falso, mientras se entretenía tapando los frascos abiertos, poniendo las cosas a un lado, el proceso inverso al que las había desparramado, quedándose un segundo quieto, inmóvil cuando Othi claramente dijo que no tenía un plan. Primero murió de sorpresa pues se suponía que ella tenía un plan. Casi debía tenerlo? Pero resucitó con la gratitud de quien descubre que de tan modo, entonces él, iba a tener más libertad de acción. Eso no estaba tan mal… no estaba nada mal, mejor dicho.

- Cuéntame lo que tu sabes y yo agrego el resto – le dijo como introducción a sus palabras mientras comiendo su pan y escuchándola se estiraba para un lado y otro, buscando un trapo para limpiarse los dedos, la copa de Othi para servirle agua de una botella azul que había encontrado entre todo lo que la cafetería le proveyó y rellenar su propia copa de vino. Justamente con sus labios detrás de la copa de vino, intercambió mirada y pensamientos por la mención de la luna de miel. Cuantas posibilidades habría de adelantar esa noche a la que estaba siendo?

Segundo de reflexión que cortó en seco porque era su turno de hablar. – Nada de polo norte... Arena, sol, Mar – frunció los labios – demasiado drástico? – a ese punto ya sabía que Othilia prefería el frío así como la chica debía suponer lo contrario de él. Pero le había dicho que elija y él lo hacía. No iba a mentirle, aunque como en todo era capaz de acordar un punto intermedio. – Una isla perdida, poca gente… alguna de Grecia o Turquía… pero si es Bahamas, no me ofendo. – se terminó su sanguche de un bocado más y limpió sus dedos en el trapo que había puesto a un lado de la copa, para pasarlo de ahí a la rodilla de Othi y siguió hablando yendo para atrás en la conversación.

- Yo pienso que como el viaje, cada cual para cada cuestión tiene un punto de vista que el otro desconoce. Por ejemplo, yo no termino de entender con qué criterio decides si dejas Brigantia, o cual otra universidad elijes. Quiero saber – finalizó con intensidad de sus ojos a los otros. Ese era un punto, como en todo Charles quería saber el qué y el porqué. – los elfos nuevos, viejos, parece dar igual… pero cuál es el porqué para elegir una cosa u otra. La casa… Gales? Tu quieres vivir en Inglaterra, piensas trabajar en Inglaterra? Quieres trabajar?... o mejor Bélgica? O Holanda y vuelves a tu patria… - y a cada cosa acompañaba con caricias autómatas a su pierna, que no observaba pues estaba charlando.... o era al revés.

Se balanceó una vez más por alcanzar su copa de vino y darle un buen trago, apoyándola a un lado y dejando de recargarse en la mesa, por tomar una posición más de frente. – Lo que yo había armado para mi…- se puso entre las piernas de Othi, apoyando ambas palmas en sendos muslos – antes de tener con quien concertarlo – dijo como introducción a contar cual había sido su plan, con las claras palabras de que ahora era momento de ponerlo en común. Cerró los ojos un momento como encontrando el hilo del asunto y luego empezó – Que iba a terminar leyes de un tirón, para entrar al ministerio inglés joven, y hacerme un lugar decente que me permitiera imponer mis propias ideas – le dio un beso en la mejilla y siguió – no de buenas a primeras, pero sin perder tiempo. Porque en cuanto pudiera haría Historia de la magia, como pasatiempo... tranquilo, más por disfrute hedonista – alzó los hombros de aquellos brazos cuyas palmas no se había despegado de Othilia, sino que por el contrario acariciaban con atención latente sus muslos, hasta recuperar la textura de aquella cintura perdida.

– sabes que me gustaría? Lograr fundar un pueblo nuevo enteramente mágico, no hoy ni mañana, pero algún día. Otro Hosmeade en Inglaterra, pero de corte residencial, por donde pase el tren para estar conectados, con buenos vecinos, el medimago de confianza y ahorrarse los trastornos del gentío en Sanmungo, con su plaza central y sus farolas de aceite, los ritos nuestros invadiendo las calles, una biblioteca. Tener nuestro trozo de tierra, puramente nuestro. Nada de vivir de prestados en medio de dos casas del otro mundo. – había hablado demasiado, pero eso era buena señal. Como un pequeño le estaba contando su mejor sueño utópico. Había otros pueblitos como el de Gryffindor, pero no eran puramente mágicos. Le besó en medió de su sueño, hasta que logró retomar el hilo de la conversación, aunque este hecho pareciera contradictorio.

- … que me casaría con una hermosa mujer, y viviría en él – en ese pueblo inventado, hecho a su imagen y semejanza – pero… esa primera parte ya lo he conseguido – Le sonrió con bastante ego, jalándola de la espalda baja para pegarla más a él – Te das cuenta que me vuelvo idiota contigo? – escaló por su espalda hasta tomarla suavemente del cuello y besarla como se merecían, compartiéndole su sabor a vino elfico.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Lun Dic 31, 2012 4:09 am

Sol y mar. Drástico. Horrible. Espantoso. ¿Acaso Charles no tenía ojos en la cara para ver el blanco de su piel? Era sensible a los rayos del astro rey y su piel no solo enrojecía sino que terminaba irritada por eso empleaba sombrillas en verano pero Othilia era mujer de palabra, si había otorgado la decisión a su futuro marido, aceptaría a regañadientes pero sin poner ni una queja, ya más tarde cuando tuvieran que anular la luna de miel por problemas de piel, Charles vería el grave error que había cometido con ella – Si no te ofendes, vamos a Bahamas, me da igual, todo es lo mismo, sol y quemazón en mi cuerpo – después de eso, guardó silencio, dedicando los movimiento bucodentales a terminarse el bocadillo aunque obviamente el ritmo de la holandesa era mucho más pausado que el de Charles.

- Porque no considero matrimonio cada uno en un extremo del mundo y solo verte un día a la semana – dejó el bocadillo para más tarde, masticó el último bocado y tragó con tranquilidad escuchando las siguientes preguntas, cuestiones que Othilia aún no había contemplado pero después de toda una vida encerrada en una montaña de Holanda o en Beauxbatons quería vivir en Inglaterra, adaptarse en su casita en Gales que quizás no era suya pero para comenzar estaba más que bien. Ella quería trabajar en cooperación mágica internacional, estrechar fronteras entre países, facilitar una solución a los conflictos burocráticos de los magos y unir a un nivel jurídico las dos patrias que corrían por sus venas, Inglaterra y Holanda.

Claro que su sueño quedó en segundo lugar ante esa ciudad de fantasía construida por la imaginación de Charles, Othilia iba a llamarla en sus pensamientos Luttrellandia, haciendo alusión a esos cuentos de fábulas que la elfa leía en sus noches infantiles. Prestaba autentica atención a los sueños utópicos de su marido porque aunque locos denotaban ambición por su parte y ese aspecto atraía a Othilia de sobremanera, si bien notaba sus manos acariciando allí o allá partes de su cuerpo, poniendo la piel de la holandesa de gallina a cada roce suave de sus yemas contra su fría piel, ella permanecía con sus ojos pegados a los del inglés, asintiendo ante la primera parte convencida que más que hacerse un “hueco importante”, Charles terminaría como ministro de Magia, imponiendo la ley y el orden en una sociedad en decadencia por sus tratos con los muggles. En cuanto a su pueblo… quizá debería aplazarse.

Ella también salió de la ensoñación cuando las manos predispuestas del muchacho apresaron su trasero para atraerla de forma brusca hacia él, un suspiro de satisfacción escapó desde el más profundo de su ser hasta los labios del inglés, las manos de Othilia escalaron desde la mesa hasta el cuello del muchacho, deshaciendo unos pasos el camino para quitar el primer botón de la camisa y mirando ahora su barbilla, escuchando los últimos compases de su discurso, sonriendo livianamente ante el piropo tan bien buscado y ascendiendo lentamente la mirada desde el mentón, pasando por su nariz y perdiéndose en sus ojos justo cuando Charles menciona el efecto ejercido por Othilia sobre él.

Ni tiempo de sonreír ni protestar, un beso ansiado llego hasta sus labios, Othilia correspondió de manera afectuosa, usando las manos para abrazar su cuello y pegarse un poco más a él casi en el borde de la mesa, usando sus muslos para aprisionarlo y enredando sus pies a su trasero, subiendo un poco sobre su cuerpo mientras el beso se tornaba cada vez más profundo por efecto y deseo de van Lieshout quien pasó a dejar una mano de apoyo sobre la nuca para con la otra volver a deshacer los botones de la camisa de Charles, uno a uno, tomándose su tiempo para besarlo sin prisas, acariciar con la punta la uña la piel que iba emergiendo bajo ella y sonriendo contra sus labios un segundo. Cuando logró desprenderse de sus labios, pegó su frente, miró sus ojos manteniendo la sonrisa en su boca y paseó las manos por su torso, lentamente, solo rozando con la palma y mencionando - ¿Y tú? ¿No ves que haces en mi? – otro beso profundo a raíz de la pregunta pues era evidente la respuesta – Quiero vivir en Gales porque nunca he vivido allí, quiero estudiar en Francia por comodidad en nuestra relación y quiero elfos porque no quiero hacer nada – otro beso profundo y afianzo sus manos en su rostro – y no quiero ir a la playa, me quemaré y sufriré pero es tu decisión y me dará gusto escuchar tu perdón cuando mi piel sea roja como mi vuelapluma.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Mar Ene 01, 2013 2:51 am

No terminaba de creerle que fuera tan grave lo del sol, sino más bien una manía de ella. De ningún modo quería lastimarla físicamente, si hubiera sabido los reales peligros ni lo hubiera propuesto. Ahora simplemente estaba feliz, porque gustaba del calor y había zafado de ir al polo, y ya podía imaginarse a Othilia en bikini contoneándose por la playa, aunque de solo pensarlo dudo que la mujer fuera a caminar descalza con gusto sobre la arena. Y lo otro también era como él hubiera preferido y dijo tal cual “yo tampoco lo considero”, pero era mejor escucharlo de boca de ella a que fuera una imposición de él, arruinándole sus sueños de estudio o lo que fuera, generando en Othilia gotas de rencor por cada cosa.

Se quitó con un pie el zapato opuesto y así con el otro, mientras la besaba con ansias, subiendo desde su culo, por la espalda hasta descubrir que debajo del tejido no llevaba camiseta alguna. Algunos descubrimientos eran por demás excitantes, y afianzó la otra mano en el cuello ajeno para intensificar el beso, hacer suya esa boca y estarse seguro de las dimensiones a puro uso de lengua. Ella le desprendía los botones, y Charles dejaba su cuello, para luego del torso tejido encontrarse con aquellas caderas abandonadas injustamente, acariciando tanto el tramo vestido de su muslo como su tersa piel que apresaba su cintura.

- Me gusta lo que veo – respondió con altanería descarada, devorando sus ojos con la mirada, volviendo rápido a su cadera para pegarla a él, de nuevo de un solo movimiento. Iba a besarla toda la vida, así como esas mismas ganas. Estaba convencido de ello, casi con la misma cuota de intensidad y duda con la que se creía culpa de aquellos cambios. Al fin y al cabo Charles no estaba más que cumpliendo con su palabra, desde el principio de los tiempos.

- “Gales, Francia, Bahamas… – acentuó la sonrisa de rivalidad en aquel juego de donde tendría lugar el viaje meloso, acompañando cada palabras como sus manos que escalaban como de a un escalón a la vez, las piernas hasta la cintura y en con el mismo aire lúdico finalizó –… nada”. – tomándole el suéter y quitándoselo de un solo movimiento. De nuevo, había utilizado las palabras de Othi en el orden y sentido que más le convenían.

Dejó caer el tejido y le tomó el rostro para besarla. En los labios, en la mejilla derecha, la línea de su mandíbula, apoderarse de su cuello, un poco más abajo, los huesitos, los breteles rojos que limitaban los hombros. – rojo sostén decías? – le corrigió volviendo a alzar el rostro, mientras dos dedos jugaba con una de las tiras que le sentaban tan bien. Y sin darse cuenta se había inclinado para atrás centímetros más de los necesarios para hablar, porque estaba mirándola en sujetador. En verdad el rojo le sentaba bien. Guiado por los filos de la prenda paseando por una copa, llegó al medio a notar el detalle brillante entre ambas tazas, y sonrió de lado haciendo bailar el dijo un instante entre sus dedos, mientras seguía camino abajo dividiendo el estómago de Othi por su eje hasta el ombligo.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Mar Ene 01, 2013 12:47 pm

La mente de Othilia desconectaba a cada beso propuesto por Charles después de ser privada del grueso jersey sin oponer resistencia. Primero ocurrió en los labios donde respondió gustosa, más tarde en la mejilla donde entreabrió los labios y luego, a partir del beso en el cuello donde soltó un suspiro profundo y cerro los ojos para deleitarse con las sensaciones, perdió todo resquicio de cordura lógica y dejó que fueran los sentimientos, esos que por tantos años guardó celosamente, quienes tomaran por unos minutos el control de su cuerpo. Había que apuntar la destreza del muchacho por encontrar cada punto débil de la holandesa, Othilia no podía hacer otra cosa que acariciar de vez en cuando el torso expuesto ante ella con la yema de los dedos cuando él susurraba, la apretaba hacia su cuerpo (acción que iba a exigir a partir de ese día) o besaba esas zonas sensibles de su cuello que robaban suspiros a cada poco y eso que para no resultar tan obvia, Othilia mordía su labio inferior en más de una ocasión.

- Rojo cachetada – aún tuvo la voluntad por decir algo grosero en medio de tan mañana situación, justo en la cima de un suspiro y abriendo los ojos para encontrarse la mirada encendida del hombre sobre su torso, provocando una leve, nimia y casi inexistente sonrisita en los labios a razón de muchos pensamientos encontrados. Desvió sus orbes azules para darse cuenta que estaba más desnuda que vestida y casi ni consciencia del hecho había tenido, el dedo de Charles empezó a jugar con el colgantito que descansaba justo en el centro del escote, la chica miró a su prometido de reojo antes de volver a poner la vigilancia en ese dedo que infame, conocedor de las reacciones que desencadenaba en el cuerpo ajeno, empezó a deslizarse cuerpo abajo, acelerando dos puntos la respiración de la rubia y provocando la mirada directa, encendida y llena de innato deseo hacia él.

Othilia tiró de nuevo un poco hacia delante su torso, aprovechó el gesto para pasar las manos de nuevo por el torso hasta alcanzar los hombros, meter las manos por debajo la camisa deshecha y tirar de ella hacia abajo para quitársela apelando a la participación del inglés. Una nueva mirada se desencadeno a raíz del suceso, Othilia llevo ambas manos hasta el cuello de Charles para guiar sus labios hasta los suyos y fundirse en un profundo beso, ansioso y hambriento pero no detuvo el avance de sus manos en el cuello, no, no paró hasta llegar una vez a su torso para esta vez empujarlo suavemente, mordiendo suavemente su labio inferior en el proceso y arañándolo bajo sus dientes superiores.

En ese instante, ocurrió un momento de duda, van Lieshout no sabía si hacía bien las cosas o si iba por buen camino pero empecinada a seguir con aquello hasta el final, continuó con los detalles exigidos por su mente para evitar que Charles volviera a romper las distancias. Retrajo una pierna hasta dejar el pie encima la mesa, usó la punta de los dedos para hacerse espacio entre los cuerpos y terminó por poner la planta que había desprovisto de zapatos, encima el abdomen del muchacho, empujando hacia atrás suavemente a Charles y sonriendo con malicia, no con el espíritu de terminar con aquello, solo contagiándose del aire lúdico del muchacho.

Llevó los dos dedos centrales de cada mano hasta el calcetín que empezaba a medio muslo, los metió en el interior, rozando con la yema su propia piel y deslizó suavemente la tela hacia abajo hasta librarla de su piel. Repitió la acción subiendo el otro pie hasta el abdomen del chico y a piernas estiradas, desnudas, terminó rodeando con los pies la cintura de Charles, alargando una mano para alcanzar su cinturón, estiró, atrayéndolo hacia ella para besarlo otra vez de forma urgente, apresando la cara interna de sus muslos contra su cintura y apoyando la mano libre en su torso cálido. Besando estaba cuando empezó a juguetear con el cierre del cinturón con la mano sujeta, sin atreverse a deshacerlo pero acariciando con mucha suavidad la piel justo encima del filo del pantalón, terminó suspirando contra los labios del muchacho y ascendió la mano, no decidiéndose.


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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Miér Ene 02, 2013 6:41 am

Si bien la interrupción por ser desvestido no le molestaba, poco le importó y en cuanto pudo poner sus manos sobre la cintura de Othi para atraerla y besarla de nuevo así hizo correspondiendo con mordisqueos propios, mientras recorría su espalda y encontraba el cierre del hasta antes tan simpático sujetador, ahora molesta prenda que lo privaba del descubrir. Pero ella quería sacarle las medias, él quería ver sus pechos desnudos y fue necesario turno, no porque no se pudiera hacer todo al mismo tiempo, sino porque si Othi iba a desnudarse de forma tal que parecía hasta un juego para encenderlo más, el no iba a negarse.

Un instante duró mirándola a los ojos por descubrir que iba a hacer, que ya estaba perdido devorándose las piernas de Othi con la mirada. Una mano la mantuvo apenas en la cintura de la chica, para no romper todo contacto, pues sus dedos la necesitaban, la otra siguió el camino de las manos ajenas, incluyéndose en el juego, acariciando la longitud que iba siendo desnudada. Por fuera acariciando muslo, rodilla, colándose en la cara interna a medida que ase acercaba a su propio cuerpo por ayudarla a que ni cubierto quedase su pie y así con la otra pierna.

Pero en cuanto aquella escena maravillosa terminó, pensando igual que Othi, alejó su atención de las piernas y entrepiernas, para volver a lo que pretendía, besarla si claro, pero deshacer el sujetador, dejarlo caer por ahí y recorrer con besos por justificar la llegada a sus tetas. Se inclinó un poco, y otro poco, hasta que se estuvo tan cerca de sus pechos, que tomándola por justo las costillas la alejó, la miró, sonrió como niño en dulcería. De abajo hacia arria acarició cada una de sus tetas con las manos, volvió a buscar besarla en los labios, preso de unas ansiedad nueva, algo de temor a ser rechazado también, y rápidamente como quien no quiso pero si, terminó lamiendo sus pechos, uno a la vez, y luego solo uno hasta que sintiera que fuera suficiente, pero nunca se tenía suficiente en esas situaciones. Jamás.

La lechuza ululó, y no escuchó. Y sus manos se deslizaban más abajo para quitarle las bragas o lo que fuera que llegara puesto aun. Y jaló primero suave, luego desesperado de que porque ella yacía sentada no se quitara la prenda. Pero nada, volvió a insistir hasta que lo logró y se alejó por recorrer toda la extensión de sus piernas prenda incluida y quitaba cualquier trapo de en medio como nuca antes, y la tenía desnuda para él, encima de la mesa, al alcance de sus manos y sus ojos. Sonriendo porque sabía que eso, había sido lo que había buscando desde un principio al sentarla el mismo allí.

Y ya no volvió a sus labios, como recurso de distraerla o darse confianza, la tomó los la cintura y le besó el abdomen, aquí, allí, un poco más abajo, hasta que terminó casi en cuclillas, acariciándole los muslos, empujándola más al borde de la mesa, muslos que besó por simple cordialidad, pero que solo le interesaba hacer a un lado, y colarse en medio. Abrirle las piernas lo suficiente para disfrutar en grande. La besó, y besó, respirando profundo, hasta que imposible no lamer, abrir sus labios con la lengua, hundirse en su humedad y sentirse en el paraíso de las fantasías cumplidas mientras descubría su intimidad realmente a puras lamidas indecorosas.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Miér Ene 02, 2013 9:19 am

¿Qué pasaría? ¿Qué tenía que hacer? ¿Dónde ponía las manos? Era tomar senderos desconocidos para Othilia a raíz del abandono de su pequeña mano del cinturón de Charles, decidió que solo debía cerrar los ojos, besar a su prometido y dejar que tomara la iniciativa, pese a que las decisiones del chico desconcertaban tanto a Othilia como la excitaban. Un ejemplo claro fue el sujetador deslizándose lentamente sobre sus brazos, el gesto era insignificante teniendo en cuenta el nivel en el que se encontraban pero provocó en la holandesa la reacción de pegarse a Charles, abrazar su cuello con ambas manos temerosa de mostrarse desnuda pero olvidó las tonterías cuando las manos fuertes del inglés tomaron sus costillas para separarla, una mirada encendida y Othilia entreabrió los labios, soltó un suspiro y sonrío livianamente a esa expresión de felicidad encendida en el muchacho.

Las manos y la lengua fría abrasaban contra su piel, humedecían más su entrepierna y deseosa de saber donde terminaría todo aquello, dejó caer la cabeza hacia atrás, aprovechando que tenía las manos sobre los hombros del inglés para clavar las uñas en su piel, sin suavidad, transmitiendo sin palabras cuanto gustaba de aquello aunque no fuera nada pero a la vez, esas nuevas sensaciones, eran todo para Othilia. La respiración ya era un lío en la holandesa que notaba el palpitar del corazón fuerte contra su pecho, Charles buscó quitar el pantalón y bragas, dejarla desnuda completamente por primera vez, Othilia dudó pero terminó subiendo uno centímetros el trasero para facilitar la acción y se mantuvo firme ante la atenta mirada del chico, analizando su cuerpo de arriba hacia abajo, entrecortando su respirar, acelerando más el pulso como si vaticinara en su mirada algo que no estaba previsto en sus planes.

Claro que examinó cada gesto realizado a raíz de la mirada, los besos sobre su abdomen, los ojos abiertos ante la expectativa que no iba a detenerse ahí y ya, cuando bajó a un más para perderse entre sus piernas perdió absolutamente el significado de cordura. Quiso cerrar las piernas de golpe pero los besos sobre la cara interna de sus mulos, provocaron que poco a poco fuera abriéndose, humedeciéndose, preparándose inconscientemente y clavó las manos en la mesa para arañar con las uñas la fina madera, tirando sin querer alguno de los productos al suelo, incluso el cuchillo que terminó clavado cerca de Charles pero sin dañarlo.

Los besos provocaron el primer y suave gemido otra vez tiró la cabeza hacia atrás, arañó con más fuerza la mesa y la respiración era tan irregular que sentía un ligero entumecimiento de la cabeza. Eso si fue toda una novedad más cuando la lengua empezó a recorrer tierras nunca antes conquistadas. Intentaba reprimir los gemidos, primero eran suaves pero a medida que las lamidas se intensificaban o tocaban puntos clave eran más sonoros pero intentaba disimularlos inútilmente mordiendo su labio inferior con fuerza, soltando suspiros puros de gozo, moviendo un poco sus piernas para tocar con los muslos la cabeza de Charles para sentir aquello real y no fruto de un sueño por la irrealidad del momento.

Nunca creyó que aquello fuera a hacerla tan feliz como desesperada. No estaba saciada y necesitaba más, sentir su respirar profundo contra la fría humedad de su entrepierna, gemir y notar ese desdichado calor que ocupaba su cuerpo, poco a poco perdía la cabeza, incluso empezaba a moverse para sentirlo más cerca, profundo y tras varios intensos minutos, minutos que fueron horas para Othilia, notó esa sensación que iniciaba entre sus piernas pero se extendía por todo su cuerpo, sintiéndose más viva que nunca y queriendo estallar de una buena vez para perder la cordura, temblando y sin poder evitarlo, llegó a la cima del placer acompañada por un gemido fuerte y sonoro, agradeció estar en el quinto resquicio de mundo. Sintiéndose en una nube de placer, bajó la mirada hacia el instigador de aquella locura, lamiendo un poco de sangre que brotaba de sus labios por tan fuerte haber mordido su labio y notando las mejillas encendidas pero sin saber que decir o hacer o si sus piernas iban a reaccionar.



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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Charles Luttrell el Vie Ene 04, 2013 6:46 am

Ahora si, ni miedo ni nervios. Luego de saberla disfrutando, respirando apresurada, lanzando cuchillos y moviéndose instintivamente para sentir más, no quedaba en Charles resquicio de dudas sobre los pasos tomados ni sobre sus palabras prometidas, tampoco calma en su pulso. Buscó claro, con su lengua aquellos movimientos que siempre funcionaban, tomándola con ambas manos del culo para que no se le escapara, pero también olvidando de a ratos en cometido sensato de que Othi disfrutara por el propio placer de saberse entre sus piernas besando lo que nadie antes.

Y mancillando sus glúteos a dos manos recibió los últimos espasmos sin moverse un ápice. Ella ya lo miraba cuando Charles levantó la vista para observarla un instante. Llevaba los ojos más encendidos que antes, y respiraba entre aquellas heladas piernas que ya no se sentían ni tan frías ni tan inalcanzables. Se fue despegando poco a poco, entregando besos, o caricias de labios sin forma a sus muslos, a la parte más baja de su torso, a la vez que sus manos iniciaban a moverse acariciándole lo que antes había retenido con tanto hambre.

Siguió subiendo a besos por su abdomen, recorriendo el lateral derecho, subiendo las palmas por su espalda hasta terminar abrazándola, volviendo a lamer la redondez de su pecho, el pezón que lo coronaba, hasta perderse en su cuello, esquivando cabellos rubios, respirándole agitado al oído. Cargándola entre sus brazos sin alejarse de la mesa.

- Te lo dije… - le peleó a susurros en el oído un instante antes de cargarla realmente entre sus brazos, yéndose a algún sitio. Que él había trato de explicarle como se sentían esas cosas, que era como enfadarse en demasía, pero sin los malos sentimientos. Esquivó el cuchillo y se carcajeó para comentarle luego que estaba loca, que era una loca peligrosa. Solo la sostenía por la cintura, porque las fuerzas no le daban para llevarla en andas y además acariciarla, pero le daba besos mientras relojeaba para donde mierda estaba la habitación.

No había muchas opciones tampoco. Pero el sillón donde antes había recibido los regalos estaba mucho más cerca, allí en la mesita la varita. Así que terminó cruzando los pasos hasta el sillón de dos cuerpos inclinándose por acostarse allí, sin terminar de ser gentil al soltarla y ponerse encima de ella. Una mano en el sofá la otra acariciando el cuerpo ajeno, mientras apegaba sus bajos a ella. Le tomó del cuello y le beso sin cuidados, con una urgencia que antes no se había permitido demostrar. Volvió a soltarle por necesidad de tocarla a dos manos, de volver a sentir sus pechos en las manos, y bajar con una a acariciar su entrepierna con los dedos, lo hermoso que se sentía su intimidad, su humedad entre los dedos.

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Re: En los Alpes Suizos.

Mensaje por Othilia van Lieshout el Sáb Ene 05, 2013 2:19 pm

El calor interno de Othilia se acrecentaba a cada mirada encendida de Charles y era contraproducente, ya que nada parecía saciar su sed hedonista, igualmente, pese a esa sensación notable que el culpable de aquello era él y no ella (siempre sería así). Aturdida por esas placenteras sensaciones recién descubiertas, cerró los ojos a cada beso dejado sobre su cuerpo desde los desordenados sobre la cara interna de los muslos hasta los más descarados que coronaban uno de sus erectos pezones. Las anteriores muestras de afecto solo habían sacado suspiros de gozo a labios de la rubia pero sentir a Charles agitado en su oído, el aliento sobre su cuello, las palabras en su oído, terminó por enloquecer a Othilia pues entendió definitivamente que el motivo de esa respiración irregular era solo ella.

- Dices muchas cosas – respondió también con la respiración agitada, entreabriendo los labios para soltar un suspiro por esas manos que hurgaban su entrepierna y abrazando su cuello entre sus manos mientras cerraba de nuevo los ojos, buscando con su nariz el rostro de él. Ya estaba a punto de besarlo cuando notó como la alzaba en volandas, abandonando la cocina para empezar a caminar hacia otro lugar que Othilia no identificó ni quiso saber, mejor dejarse llevar aunque notaba y sentía que ese iba a ser la definitiva, ya no había vuelta atrás esta vez e iban a adelantar unos meses la luna de miel, cosa que no importaba cuando sentía sus labios sobre los suyos, las manos recorriendo su cuerpo y la urgencia en cada gesto.

Habló sobre cuchillos y locuras, asintió pues no era novedad que era un tanto siniestra y psicótica, siguió caminando, acariciando el cuello de Charles hasta que la dejó caer sobre el sillón sin demasiada galantería pero detalle poco importante cuando Othilia notaba la diferencia en aquella situación: ella estaba completamente desnuda, ¿y él? No. Eso era una desventaja, un handicap en la lucha o cuanto fuera aquello. La situación además se complicaba cuando Charles caía ligeramente pesado sobre ella, pegaba cada parte de su cuerpo al suyo y buscaba su cuello para besarla otra vez con una urgencia que casi roba el aliento a la holandesa que ni atino tenía por inexperta en poner las manos, primero probó en los hombros del chico pero luego decidió llevarlas para abajo, lentamente por cada costado hasta hallar el contorno del pantalón.

Quiso seguir con la tarea pero notó las flaquear sus fuerzas cuando el osado volvió a tocar su húmeda intimidad, ahogó un gemido contra su hombro, besó la clavícula desnuda y subió con la nariz, acariciando con ella la fina piel hasta encontrar su cuello del cual prendió la boca, besando lentamente mientras sus manos buscaban el dichoso aplique para deshacer el cinturón. No tardó mucho en hallarlo, deshizo tanto eso como el botón del pantalón y tiró un poco hacia abajo, hasta donde abarcaban sus manos, luego volvió las manos hacia arriba, acariciando la extensión de su columna mientras empezaba a gemir suave a su oído solo para él – Ya – añadió en medio de una profunda respiración, acercando los labios a su oído para susurrarle con voz entrecortada – hazme sentir. - y el ya sabría a que se estaba refiriendo, solo eludía conversaciones del pasado.

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